viernes, 7 de diciembre de 2012

locos de amar

Querido caballero, gracias por aceptar mi invitación.
Lo he citado hoy, dichosos los que antes lo leyeron.
Poetas las manos de Dios que así me lo escribieron.

Tome asiento, luego nos vamos con las bebidas.
¿Por qué se queda allí? Deje caer su cuerpo junto a mí.
Acomódese, permítame escuchar si aún late el corazón en su despecho.

¿Qué tiene en los labios? 
Parece que en tanto tiempo no ha sido besado.
Dejeme lo salvo de ese letargo. 

Tranquilo ¿por qué se resiste?
Lo veo en sus ojos y sé que las ganas le insisten.
¿Que si venimos a hablar? Sí claro, pero dejemos que las caricias opinen primero.

¿Ya ve como sí quería?
Ahora déjese llevar, prometo no regresarlo.
Comámonos a besos, no dejemos de nosotros ninguna sobra. 

 Ahora sí, ya podemos hablar.
Déjeme, antes de preguntar ¿cómo la pasó sin mí?
Ni responda, su sonrisa efímera ya se adelantó. 

Le digo, querido amor.
Esta soledad, sin usted, de lo contrario no existiera.
Me redujo al punto de volverme en coma.

No me regañe, sabe lo grande que es mi gusto por jugar con las palabras.
¿Sabe lo bien que sabe su sentido del gusto?
 No, temo que usted de eso es ignorante. ¡Pero que bien sabe!

Ya se nos hace tarde.
La respuesta de lo que usted ya sabe, aún la espero.
No me vea así, ya sabe a lo que me refiero.

No tenga miedo porque bien podría tenerme a mí.
Solo dígame "Sí".

 Nos casamos, 
plantamos un árbol, 
hacemos una casa allí, 
tenemos un hijo, 
le escribimos un libro de cuentos.