Te escribo a ti, al ausente.
Ya ni noto tu corte de cabello,
hace tiempo que olvidé al mío,
se hace largo como queriendo amarrarte,
como queriendo ocultar una parte de mi cuerpo que sufre tus ausencias.
No fué nuestra culpa vida mía,
fué este amor que me supo llegar un marzo,
se nos acomodó en los labios un octubre
y se nos escapó de las manos un siete de septiembre.
Mi sala ya no huele a tu 212,
a nuestras guerras de almohadas.
El refri se encuentra lleno,
mi único plato extraña su baño con tus manos en mis nalgas.
La soledad te nombra,
el mouse te busca en mis carpetas.
Mi iris se enfoca en tu sonrisa,
esa que guardas adentro del Volkswagen blanco, del modelo que aún ignoro.
No fué nuestra culpa vida mía,
fué este amor que ya es un caso perdido,
en el que ya agotamos todas las impugnaciones,
el que guarda prisión por darle muerte a una ilusión.
Te escribo a ti, al ausente.
Al escribano de mi corazón.
Ya ni noto tu corte de cabello,
hace tiempo que olvidé al mío,
se hace largo como queriendo amarrarte,
como queriendo ocultar una parte de mi cuerpo que sufre tus ausencias.
No fué nuestra culpa vida mía,
fué este amor que me supo llegar un marzo,
se nos acomodó en los labios un octubre
y se nos escapó de las manos un siete de septiembre.
Mi sala ya no huele a tu 212,
a nuestras guerras de almohadas.
El refri se encuentra lleno,
mi único plato extraña su baño con tus manos en mis nalgas.
La soledad te nombra,
el mouse te busca en mis carpetas.
Mi iris se enfoca en tu sonrisa,
esa que guardas adentro del Volkswagen blanco, del modelo que aún ignoro.
No fué nuestra culpa vida mía,
fué este amor que ya es un caso perdido,
en el que ya agotamos todas las impugnaciones,
el que guarda prisión por darle muerte a una ilusión.
Te escribo a ti, al ausente.
Al escribano de mi corazón.

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